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Al Pacino, una leyenda en Buenos Aires

Pacino

En un año repleto de visitas gigantes, Al Pacino, una leyenda viva del séptimo arte, llegó a Argentina con su introspectivo espectáculo que dejó a sus fanáticos con una pila de secretos revelados.

Con un Teatro Colón colmado, el hombre nacido en Nueva York hizo su aparición en las tablas pasadas las 20:30 para recibir la primera de varias ovaciones. “Buenas noches, Argentina”, saludó enérgicamente.

Vestido completamente de negro, Alfred contó con Iván De Pineda como partenaire, que lo paseó por diferentes etapas de su vida personal y profesional. Para fortalecer el discurso, una pantalla gigante proyectó fragmentos de obras cumbres como “El Padrino”, “Scarface” y “Perfume de mujer”.

La primera gran bomba de la noche llegó cuando contó cómo sufrió a la hora de encarnar a Michael Corleone, uno de sus icónicos personajes. Según sus propias palabras, la única persona que lo bancó fue Francis Ford Coppola. ¿Motivos? Era un perfecto desconocido para Hollywood y varios actores de renombre pujaban por ese papel.

Incluso, Al Pacino confesó que los productores de “El Padrino” intentaron por todos los medios alejarlo del proyecto. Fue así como Coppola tuvo la brillante idea de dejar para lo último la escena donde Michael mató a Virgil Sollozzo. De esta manera, el director calló las voces que aseguraban que Corleone “no transmitía nada”.

Luego, Pacino, siempre de buen humor, afirmó que su trayectoria cinematográfica no habría sido posible sin la ayuda de una maestra que le aseguró a su madre que tenía el don para ser actor. Él escuchó y, a lo largos de los años, transformó esa frase en una profecía autocumplida. También tuvo palabras sentidas hacia Dustin Hoffman y Marlon Brando, hombres que lo inspiraron y ayudaron en esta hermosa travesía artística.

¿Y qué hubo con Tony Montana? Fue sin dudas el momento más esperado de la noche. La película de Brian De Palma, una reversión de un clásico de los años 30, caló hondo en el público local. Al ser consultado sobre cómo compuso ese mítico personaje, Al remarcó que fue el trabajo que más tiempo le demandó. Tardó meses en gesticular, hablar y parecer un cubanoestadounidense. Ese resultado fue posible gracias a Steven Bauer, más conocido como Manny.

Pero no quedó ahí la cosa. Al Pacino, que además es un brillante comediante, contó una anécdota acerca de su suerte esquiva con el Oscar. Sin embargo, antes de esa coronación, vivió un hermoso momento en San Francisco. Días después del estreno de “Scarface” recibió de manos del público una réplica del premio como reconocimiento a su labor. Eso le valió un instante de felicidad que se prolongó hasta la actualidad. Sí, el célebre actor  ubicó esa estatuilla en un lugar central de su casa porque, para él, fue la muestra de cariño más grande que recibió en su vida.

A la hora de hablar sobre “Perfume de mujer”, el público se sorprendió al escuchar datos tan increíbles como auténticos. En esa película encarnó a un militar ciego. Pese a la creencia popular, Pacino admitió que ese papel fue uno de los más fáciles de llevar a la pantalla. Principalmente porque debía ubicar la mirada “en blanco”, sin preocuparse por detalles o gestos.

Después llegó el turno de una pequeña clase abierta de actuación. Durante varias semanas practicó junto a un experto en armas cómo ensamblar una pistola. A medida que adquiría el conocimiento, el hombre pronunciaba un latiguillo que le llamó la atención. Alfred James le preguntó qué significaba y la respuesta fue contundente: jerga militar que se utilizaba cuando algo estaba bien. Ante esa revelación, Charlie adquirió el famosísimo “hoopa”.

La charla siguió y llegó otro momento revelador para todo aquel que intente hacer pata ancha en el mundo del entretenimiento. Para este gigante, el teatro fue fundamental porque lo ayudó no solo a escuchar, sino a comprender al espectador. En resumidas cuentas: no se puede trabajar a espaldas del público. Ellos marcan qué funciona y qué no. Enriquecen. Suman. Perfeccionan al artista.

Ya sobre el cierre, el público tuvo el privilegio de hacerle preguntas. La mayoría en forma de agradecimiento por su labor. Pero aún así, él se las ingenió para demostrar por qué llegó a ser un número uno: humildad, gratitud y conexión profunda con el otro.

El adiós llegó con un breve pero emocionante tango. Sí, como aquella escena de la película que lo llevó a conquistar su único Oscar. Mientras tanto, los presentes no pudieron hacer otra cosa que pararse, aplaudir y laurear al mito. A la leyenda. A Al Pacino.

Nota del editor. La organización del evento contó con fallas que, en 2016, son imperdonables. Bajo volumen de micrófonos, calor sofocante y desorganización a la hora de atender una urgencia médica.

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Al Pacino, una leyenda en Buenos Aires Reviewed by on 30/10/2016 .

En un año repleto de visitas gigantes, Al Pacino, una leyenda viva del séptimo arte, llegó a Argentina con su introspectivo espectáculo que dejó a sus fanáticos con una pila de secretos revelados.